Es aprender a decir que no.
Y no siempre es fácil. 😶
Spoiler: poner límites también es una forma de cuidar el negocio.
📌 Cuando aceptar todo deja de ser una virtud
Durante mucho tiempo, decir que sí parece lo correcto.
Sí a ese cliente, sí a ese pedido fuera de horario, sí a resolver lo que no te corresponde.
Pero con los años, aceptar todo empieza a tener un costo: desgaste, confusión y pérdida de criterio.
No todo lo que podés hacer, conviene hacerlo.
🧠 Límites no es rigidez, es claridad
Poner límites no es ser distante.
Es ser claro.
Claro con los clientes.
Claro con los tiempos.
Claro con el rol que ocupás.
Cuando los límites no están definidos, el negocio se vuelve difuso. Y lo difuso siempre termina pesando.
Preguntate:
¿Qué cosas aceptás por costumbre y ya no querés sostener?
¿Dónde sentís que cruzan líneas sin que vos las marques?
¿Qué pasaría si empezaras a elegir con más firmeza?
🛠️ El “no” que ordena
Decir que no a ciertos pedidos es decir que sí a tu criterio.
Decir que no a algunos clientes es cuidar la relación con otros.
Decir que no a lo que no te representa es empezar a definir quién sos profesionalmente.
Los límites no se imponen: se construyen con coherencia.
💬 Escena frecuente
Un corredor me decía: “No quiero quedar mal”.
Con el tiempo entendió que quedar mal consigo mismo le estaba saliendo mucho más caro.
No cambió su forma de trabajar de un día para el otro.
Empezó por algo simple: dejar de aceptar lo que no estaba dispuesto a sostener.
🔄 Un ejercicio simple
Anotá tres situaciones que hoy te generan incomodidad.
No para resolverlas ya, solo para mirarlas de frente.
A veces, poner un límite empieza por reconocer que hace falta.
Como corredor de seguros, no solo acompañás a otros.
También necesitás acompañarte a vos en las decisiones difíciles.
Porque crecer no siempre es sumar.
A veces, crecer es elegir.